Estudios científicos de lo más riguroso y avanzado exponen hoy en día que podría resultar inútil -y hasta peligroso- someterse a pruebas de detección precoz del cáncer de mama.
Por lo tanto, es incomprensible que las autoridades sigan financiando campañas a gran escala en favor de la detección del cáncer de mama sin informar al público de la intensa controversia que hay entre los expertos respecto a este tema.
El Dr. Peter C. Gøtzsche es sin duda el mejor especialista mundial en detección de este tipo de cáncer. Es profesor de investigación clínica en la Universidad de Copenhague (Dinamarca), y es también autor del libro titulado “Mammography screening: truth, lies and controversy” (Detección por mamografía: verdades, mentiras y controversia), publicado el año 2012.
Y esto es lo que explica en un documento de 84 páginas publicado hace unos meses por Cochrane, “Screening for breast cancer with mammography (review)” (en español, “Mamografías de control para detectar el cáncer de mama”). Las pruebas de detección precoz aumentan el riesgo de fallecimiento en las mujeres que gozan de buena salud.
Las cifras de cáncer de mama son casi las mismas en todos los países occidentales. A lo largo de un periodo de 10 años, 3 de cada 1.000 mujeres mueren de cáncer de mama.
Durante mucho tiempo, se creyó que la detección sistemática permitiría reducir esta cifra a 2 de cada 1.000. Dicho de otro modo, de cada 1.000 mujeres se salva una vida cada 10 años. Esta cifra proviene de un estudio sueco en 600.000 mujeres publicado en 1993 por The Lancet.
Una vida cada 10 años parece muy poco, pero algo es algo, y esa cifra, aunque minúscula, parecería justificar las campañas masivas de detección precoz.
No obstante, la medicina ha hecho importantes avances, y sabe tratar mejor el cáncer de mama en una fase avanzada.
Según una revisión de los estudios que data del año 2002, el número de fallecimientos por cáncer de mama gracias a la detección precoz ya no es más que de 1 de cada 2.000 cada 10 años.
Pero, por desgracia, estos resultados no se obtienen sin causar importantes daños colaterales.
Las pruebas de detección precoz del cáncer entrañan riesgos que anulan el beneficio e incluso provocan, al final, un aumento del riesgo de morir de cáncer o de enfermedad cardíaca en las mujeres que gozan de buena salud y que se someten a ellas.
El objetivo de la detección precoz del cáncer mediante mamografías es descubrir los pequeños focos cancerosos en la mama, que no se pueden ver a simple vista, ni palpándose.
El problema es que las técnicas de imagen y análisis actuales no permiten distinguir las células cancerosas peligrosas, que evolucionarán en un cáncer de mama, de las demás células.
De hecho, todos tenemos células cancerosas en el cuerpo, basta con buscarlas y buscarlas y las terminaremos encontrando.
Por suerte, estas células desaparecen por sí solas la mayor parte de las veces, sin ni siquiera darnos cuenta.
En el caso del cáncer de mama, es perfectamente normal que una mujer desarrolle, en un momento u otro, lo que se llama un carcinoma de mama in situ o “pseudocáncer”. Las células cancerosas se encuentran en los canales o lóbulos del seno, donde, en la mayoría de los casos, son prudentes y no franquean la membrana basal.
Ni se atacan los ganglios linfáticos ni hay metástasis a distancia (es decir, cuando el tumor se expande y progresa fuera del órgano que generó el cáncer). Lo normal es que el carcinoma sea eliminado de manera natural, sin causar el más mínimo dolor, estrés ni peligro. O, en todo caso, el carcinoma crecerá con tal lentitud que nunca se llegará a convertir en cáncer y la persona, cuando fallezca, habrá sido por otra causa.
Sin embargo, si tiene la desgracia de someterse a una prueba de detección precisamente en ese momento, su médico pronunciará ante usted las palabras fatídicas: “tiene cáncer”.
Miles de sobrediagnósticos cada año
De cada 2.000 mujeres examinadas con regularidad durante 10 años, 10 de ellas reciben esta ingrata sorpresa. Se declaran cancerosas y reciben un tratamiento inútil a pesar de gozar de buena salud.
Gracias a un estudio de 2009 publicado en el British Medical Journal, se estima que más de la mitad (el 52%) de los cánceres diagnosticados por mamografía son sobrediagnósticos. Dicho de otro modo, un “cáncer” diagnosticado cuando no se habría manifestado en ningún momento de la vida de la paciente, y no habría modificado ni su calidad de vida ni la duración de la misma.
Estudios norteamericanos, suecos y noruegos sugieren que la mitad de los cánceres descubiertos en las pruebas de detección precoz habrían desaparecido por sí mismos si no se hubieran tocado, sin ningún tratamiento.
Y, perdón por insistir, pero estas informaciones no proceden de un oscuro autoproclamado especialista, sino que proceden de las revistas médicas más prestigiosas del mundo, Lancet y British Medical Journal, que son autoridad en el propio seno de la medicina convencional.
En el ámbito de un país como España o cualquiera de nuestro entorno esto representa miles de casos todos los años, debido a la detección a gran escala. En España en concreto, cada año son diagnosticadas 22.000 mujeres de cáncer de mama.
Una vez que la mamografía da positivo, no hay que hacerse ilusiones: con mucha probabilidad todo acabará con una tumorectomía (extirpación quirúrgica) que de todos modos irá seguida de rayos (radioterapia) o incluso en una mastectomía, es decir, una amputación del seno, quimioterapia, radiaciones…
¿Por qué los médicos, a pesar de todo, siguen queriendo diagnosticar y operar?
Porque su médico no puede adivinar, cuando la mamografía revela la presencia de un carcinoma in situ, si éste va a evolucionar en forma de cáncer o no.
Por desgracia, se ve obligado a hacer algo. El problema que debe afrontar es el siguiente: si el carcinoma acaba evolucionando en cáncer, entonces es cierto que es mejor retirarlo lo antes posible, mientras sea pequeño.
Para no “poner la vida de su paciente en peligro”, el médico es consciente de que lo único que puede hacer es aconsejarle que se opere.
No puede asumir el riesgo de dejar que el carcinoma evolucione a un cáncer infiltrante, es decir, un cáncer que supere la barrera basal y que invada los tejidos vecinos. Así pues, se ve obligado a operar.
El diagnóstico sistemático implica un aumento del 30% de los tratamientos contra el cáncer de mama, con los riesgos y los efectos indeseables que implica. El diagnóstico aumenta el riesgo de extirpación de la mama.
El sobrediagnóstico causado por la detección precoz aumenta el riesgo de mastectomía (extirpación de la mama) en las poblaciones sometidas a diagnóstico sistemático, con relación a las poblaciones que no llevan a cabo estas campañas de forma masiva.
Pues bien, pese a lo sorprendente que pueda parecer, la respuesta es que la detección precoz y la consiguiente extirpación no han implicado una disminución de los casos graves de cáncer.
La mortalidad por cáncer de mama baja en todas partes
Este descenso de la mortalidad por cáncer de mama, en realidad, afecta a todas las mujeres, y es más fuerte incluso en las mujeres demasiado jóvenes como para someterse a una detección (el 5 y 6% respectivamente en los dos grupos de Dinamarca).
Así, un amplio estudio australiano ha concluido que la mayor parte, si no la totalidad, de la reducción observada de la mortalidad por cáncer de mama se debía a la mejora de los tratamientos hormonales y de quimioterapia.
La detección del cáncer de mama se presenta como una solución evidente y eficaz, que justifica su inclusión en la Seguridad Social (para lograr que más mujeres se sometan a ella) e intensas campañas mediáticas organizadas constantemente para que las mujeres mayores de 50 años vayan a hacerse las pruebas cada dos años o incluso todos los años.
El cáncer es un tema extremadamente delicado y complicado. Y la opción de la detección, tal como la presentan las autoridades sanitarias y los programas de televisión, se aleja cada vez más de lo que dice la ciencia.
Esto no quiere decir que haya que renunciar en su totalidad a la detección. Se puede justificar en determinados casos en los que se presentan factores de riesgo particulares, pero es una decisión individual, que se debe tomar tras una reflexión madurada, con la ayuda de un médico abierto y bien informado sobre las últimas investigaciones.
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